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Un albergue, una prisión, una puerta a “mundos distantes y paralelos”, un recinto, una selva, un volcán, un espacio frió o un espacio caliente, una intemperie o solo una habitación común y corriente de cuatro paredes.
Existe un lugar en la nada, en la irrealidad y realidad, sujeta a la imaginación, atada a la recreación y situación de un ser en corporeidad, de un ser que habita en cuatro paredes; lugar en existencia dentro y fuera de la dimensión de la epidermis lunática y de la expresión y redención de la luz. Es lugar donde ese ser puede hacer y deshacer, puede ser y no ser, jugar y brincar, enojarse y llorar.
Recuerdo a un chico que a veces llora estrellas y luces formando un universo, un espacio en el infinito, donde se crean aventuras e historias. Ese mismo chico se ve al espejo y se pierde en una imagen, y a veces se autoengaño, delira frente a un reflejo, pasa horas interminables viviendo atardeceres y hablándose a si mismo, imaginando y soñando. Existe una misteriosa energía que empieza a emanar ciertos colores otoñales, y desde la ventana las sombras de las hojas hacen figuras en la pared, y crean una nueva historia para el, en donde el protagonista es el niño de algodón que vive junto al oso con traje de conejo.
En cada viaje que hace cruza los puentes, pasa por las calles y por debajo de árboles, Entonces ocurre y ha entrado a ese espacio de integridad.
Entre las cuatro paredes hace infinidad de cosas, tarea, escribe y aprende, también hace ejercicios, a veces baila y canta, hace pequeños montes de nubes y algodón, para subir y tocar el cielo. Una ves en la cima de esa montaña toca un espejo que esta cerca de la puerta en el cual se ve y entra a un lugar fantástico donde es imposible poder contar lo que sucede, a veces de ese espejo surge un silencio que inunda la habitación, también en ese espejo toma confianza de si cuando ve el reflejo de alguien audaz y tenaz, y a veces de ahí mismo surge la desesperación cuando se aburre de soñar y crear, entonces despierta.
De esas cuatro paredes hay largos momentos en los que no sale y busca un espacio que lo deje ver, como aquel cuando sube a la montaña de algodón o como cuando se asoma tras esas ventanas grandes. Siente el olor a los árboles que están afuera y los pájaros que cada mañana lo despiertan y cantan para una divinidad, y junto con ellos quiere cantar y volar hacia esas ciudades de luces y magia, de esas naciones de paz y de fervor.
Pero a veces dentro siente una intemperie, un espacio enorme dentro y fuera de si, esos momentos llegan cuando el amor no esta cerca, o cuando las peleas se presentan. Son esos vacíos tan incómodos, los muebles están y no están, esta sobre la alfombra tan cómoda y suave, no lo siente, el dolor y la tristeza son muy grandes que no puede percibir olores ni colores. Por la puerta entra una ráfaga de viento y por las ventanas luz, eso le dice que toda esta bien, que no ha pasado nada. Comprende en un si. Nunca se perdió, y aun esta en la habitación.


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